Rocío Márquez: Curar el contenido, el superpoder que necesitamos en la era de la sobreinformación

 

Abrimos el celular y, en segundos, estamos expuestos a un torrente de publicaciones: la reseña de un restaurante en Google Maps, un meme en WhatsApp, un video en TikTok. Todos producimos y compartimos contenido a diario.

Sin embargo, nunca fue tan difícil separar lo relevante de lo irrelevante, la verdad de la mentira. Y así, estamos en medio de una paradoja: vivimos en la era de mayor producción de información y, al mismo tiempo, en la de mayor desconcierto.

La saturación silencia

El auge de los blogs, foros y redes sociales en los años 2000, alimentó la idea de que las audiencias, representadas por el nuevo prosumidor, rompían el monopolio de los grandes medios. Publicar no era un privilegio de unos pocos, sino un derecho conquistado por millones de usuarios.

Pero la figura del prosumidor mostró sus límites. La sobreabundancia de mensajes no necesariamente nos hizo más libres. Hoy, más que empoderar, el exceso de información abruma.

Entre el ruido provocado por los likes, las métricas y las informaciones virales, corremos el riesgo de que el sentido y la profundidad se diluyan en un mar de temas sin importancia.

Aldous Huxley ya lo anticipaba en “Un mundo feliz”: no se necesita prohibir libros para controlar a las personas. Basta con rodearlas de tantos estímulos y distracciones que pierdan el interés en leerlos. En la sociedad digital ocurre algo similar: la saturación no censura, pero sí silencia.

¿Qué hacer entonces?

En este contexto, compartir y producir ya no basta. La tarea urgente es otra: curar contenido.

Pero, ¿qué significa exactamente? No es únicamente “repostear” ni acumular enlaces. Curar implica seleccionar, organizar, contextualizar y dar sentido a lo que compartimos.

No hace falta ser especialista para hacerlo: cada persona puede ejercer ese rol en su vida cotidiana.

¿Cómo ser un curador de contenido en la era digital?

Quizá le suene difícil, pero es sencillo. Por ejemplo, antes de compartir una noticia, léala completa y verifique la fuente. Puede asombrarle, pero este pequeño paso es un gran filtro para la desinformación.

Agrupe contenidos con un propósito. Si le gusta enviar recetas, cree una carpeta en el celular con recetas realmente probadas, en lugar de reenviar indiscriminadamente todo lo que consiga.

Aporte contexto al compartir. No solo envíe un video, sino añada una frase que explique por qué vale la pena verlo.

Y no consuma todo lo que aparece; elija con intención qué ver, qué leer y qué guardar.

Estas prácticas, aunque parezcan mínimas, marcan la diferencia entre contribuir a la confusión o dar sentido. Evitemos que la abundancia de información nos condene a la indiferencia ante los contenidos que sí son relevantes. El desafío es pasar de la cantidad a la calidad.

 

Rocío Marquez: Comunicadora social. Doctora en Ciencias Humanas. Profesora en la Escuela de Comunicación Social, Universidad de Los Andes-Táchira.

 

 

Fran Tovar/Costa del Sol FM

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