¿Quién fue el emperador romano más respetado? ¿Cómo ganó ese respeto?
Julia Domna. Sí, una mujer. No fue simple consorte, sino que fue co-emperatriz del imperio romano. Su valoración de todos, tanto en su época como en tiempos modernos es increíblemente positiva, cosa que no se puede decir de casi ningún otro emperador.
“Iulia Domna Augusta - Veneri Victrici”
Tenía origen árabe y venía de la casta sacerdotal. Es posible que tanto ella como su esposo fuesen plebeyos. Septimio Severo contrajo matrimonio con ella cuando él era un legado del ejército; posteriormente ascendió a gobernar la convulsa Siria. Un golpe de Estado tras el asesinato de Pértinax (un fugaz emperador previo) lo llevó a ser considerado un caudillo rebelde de oriente. Julia lo convenció para que marchara a Roma.
Después de deshacerse de sus enemigos y pacificar la etapa de guerra civil, Severo y Julia se asentaron en el trono imperial. Parece ser que desde el principio se dividieron las funciones de gobierno entre ambos, cada uno haciendo lo que mejor se le daba: él organizaba los movimientos militares, ella se encargó de la administración interior.
Julia no sólo recibió el título de Augusta -que la ponía a la par en poderes con Severo-, sino que además fue nombrada Mater Caesaris primero, Mater Augusti et Caesari después, ya que estaban tratando de formar una nueva dinastía.
Se sabe que el voluble Senado estaba sumamente complacido con su presencia al mando, algo muy interesante de destacar, pues las mujeres con poder enseguida eran demonizadas por los aristócratas, y aquí fue al contrario. Del mismo modo, se tiene constancia de que acostumbraba a ir a algunas campañas militares y a los sitios de guerra. Pasaba revista por los campamentos, y su presencia resultaba simpática y agradable para los soldados, a quienes les elevaba la moral. Es así como llegó a ganarse el apelativo de Mater Castrorum (“madre de los campamentos”, algo así), y como podemos ver en la moneda de arriba, su presencia en las fortificaciones animaba de tal modo a las tropas que también la llevaron a ser asociada con “Venus victoriosa”.
Aunque es posible que “Domna” tenga algún origen árabe, hay quienes sugieren que dicho cognomen debe ser entendido como una variante orientalizada de Domina; esto es, que sus súbditos le prodigaban el tratamiento de Señora Julia. Uno de los mayores honores para una mujer en tiempos de Roma era ser llamada Domina. De ser correcto, esto nos hablaría de la gran consideración de la que gozaba entre el pueblo y la aristocracia por igual.
Julia fue una mujer increíblemente culta. Se sabe que estudiaba Retórica (ninguna otra mujer antes había estudiado eso en Roma), Medicina, Filosofía y sentía un profundo interés por la astronomía y la ciencia. En su corte, se rodeó de retóricos, sofistas y científicos. Filóstrato, uno de sus amigos más cercanos, nos deja constancia de que la emperatriz formó una especie de “círculo de intelectuales” que la rodeaban a donde quiera que ella fuese y eran sus consejeros. Él escribió: “soy partícipe del círculo reunido alrededor de ella, pues se complace y elogia toda discusión de retórica”.
Fue ella quien mandó a Filóstrato a escribir un invaluable texto, la vida de Apolonio de Tiara, de quien ella era admiradora. Filóstrato se lo dedica a “Julia, la basilisa” (emperatriz). A este famoso círculo de intelectuales y artistas se integraría también poetas como Opiano, juristas renombradísimos como Ulpiano, matemáticos, geómetras, médicos (Galeno llegó a ser su amigo), historiadores como Dion Casio o Diógenes Laercio, y otros tantos astrónomos y filósofos.
Los senadores, felices con su presencia, le validaron el título de “Mater Senatus et Patriae”, (madre del senado y de la patria) que gozó de gran popularidad. Por desgracia, el prefecto del pretorio y consentido de Severo, urdió un plan para alejarla de la corte, y tuvo éxito: hacia el final de su gobierno fue apartada de sus funciones, lo cual no hizo sino que se volcara de lleno a los estudios y fuese una auténtica mecenas de grandes artistas e intelectuales, a los que apoyó económicamente, además de dedicarse a viajar.
A la muerte del longevo Severo, Julia volvió como Mater Augustorum, la madre de dos augustos: sus hijos Geta y Caracalla. El primero no duró mucho, y el segundo tuvo un comportamiento sumamente errático y violento durante los años que gobernó. En una campaña a la que ambos habían ido hacia Oriente, Caracalla fue asesinado a traición por Macrino, el jefe de la guardia pretoriana.
Julia había recibido nuevos títulos: Mater et Populi Romani, y Pia Felix. Ella estaba totalmente segura de que si llegaba a pisar Roma de nuevo, por su popularidad podría refrendar su autoridad y asumirse como emperatriz única. Después de todo, tenía a Roma en su puño y Macrino era un advenedizo. Su problema era que Macrino tenía al ejército de su lado; la estaba cazando y le cerró las vías para un eventual regreso a la capital. Él se quería asegurar de no dejarla con vida por ningún motivo.
Al verse acorralada y sintiendo que llegaba su fin, Julia optó por el suicidio. Dion Casio señala que, de cualquier modo, la emperatriz ya estaba cansada y languideciendo porque le había sido diagnosticado cáncer de pecho, por lo que de cualquier modo sus días estaban contados.
Macrino llegó a asumirse como emperador al saber su muerte, pero poco después fue asesinado por órdenes de la hermana de Domna, Julia Mesa, quien colocó a su propio nieto en el trono, dándole otra vez continuidad a la dinastía de los Severos.
Quizás después de Livia Drusila, Julia Domna fue la mujer más poderosa de Roma. Creo que la diferencia fundamental es que Livia se había granjeado muchos enemigos, y Julia fue una mujer sumamente respetada, y no se me ocurre algún otro emperador que haya gozado de tal cantidad de respeto en vida y en muerte (sí, se me olvidaba: la hicieron una diosa tras su fallecimiento, y comenzó a ser llamada divae para la posteridad).
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